24 mar 2015
vi blanc amb aperitiu

Vale más de lo que cuesta: Llàgrimes de Tardor blanc 2009

Es bien conocida mi gran admiración por los vinos de Garnacha Blanca (hace unos días ya escribí un post dedicado a esta variedad) y por la comarca de la Terra Alta (Tarragona). Una comarca que, en mi opinión, será la próxima en hacer el “boom” vinícola los próximos años en Catalunya. Y es que la calidad y singularidad de sus vinos poco a poco se van explotando, con gente joven que arranca nuevos y estimulantes proyectos, y bodegas históricas que dan un giro a su concepción del vino tradicional para ponerse a elaborar para las exigencias del consumidor actual. Como ya he comentado alguna vez, la Terra Alta concentra la tercera parte de la producción mundial de Garnacha Blanca, con un patrimonio de viñas viejas de lo más suculento para seguir explotando y haciendo grandes vinos. Unas viñas muy adaptadas al territorio, resistente a las sequías, al clima extremo de la comarca y que se pega a la tierra como si le fuera la vida, penetrando sus raíces en busca de la apreciada agua. Si hoy en día nos ha llegado este rico patrimonio de viña vieja es, en parte, gracias a la existencia de las bodegas cooperativas de la comarca, que con su trabajo y dedicación han ayudado a preservar el legado de años de tradición y fidelidad a una tierra y una manera de hacer. Estas cooperativas paulatinamente se han ido modernizando y dejando atrás los años donde sólo vendían a granel y entendían el vino por el binomio cantidad-grado alcohólico. Si bien es verdad que siguen vendiendo vino a granel, no es menos cierto que ven que el futuro pasa por el vino embotellado, con elaboraciones más cuidadosas y regulando la producción de la cepa en la viña. Todo con el objetivo de conseguir la calidad tan esperada. La cooperativa pionera en entender y aplicar estos parámetros fue la Agrícola Sant Josep, situada en el pequeño pueblo de Bot, en plena Terra Alta. Compuesta por 370 socios y 550ha. de viña (60% de las cuales de Garnacha Blanca y Tinta), elabora unas 300mil botellas de vino al año. De éstas, su vino más emblemático es el Llàgrimas de Tardor (en sus versiones blanco y tinto). Es un vino que conozco bien, que lo he probado en repetidas ocasiones y que no deja de sorprenderme cada vez (sobre todo por su extraordinaria relación calidad-precio). La última fue la semana pasada en una de los catas que Taca de vi realizamos y que quise que los asistentes conocieran el blanco 2009. Lo serví no demasiado frío y, aunque habría ido bien decantarlo para que se expresara, en pocos minutos ya estaba a punto. De primeras la gente no sabía muy bien cómo reaccionar pero sólo ver mi cara y como empecé a describir el vino con pasión, ya vieron que se trataba de algo diferente. Y es que el es un vino espectacular! Es pura complejidad embotellada. Tiene de todo y los adjetivos son infinitos para describirlo. Pasan los minutos y a medida que se va abriendo, siguen saliendo aromas que antes se escondían. Tengamos en cuenta que es añada 2009 y que es la actual en el mercado. Esto quiere decir que después de los meses de crianza en barrica, ha reposado unos dos años más en la bodega afinándose en botella antes de salir al mercado. Qué valor! Qué mérito! La buena calidad de la uva y la mimada elaboración en la bodega, hacen que al final del proceso nos encontremos con un vino equilibrado, donde todo está en su sitio y donde todas las peculiaridades se han ido ensamblando a la perfección, para ofrecernos este desfile de aromas y sensaciones. En nariz es un ataque continuo de recuerdos como cítricos maduros (tarta de limón), orejones, notas minerales (tierra caliente, incluso a mar), de frutos secos (almendras tostadas con sal), algo de notas balsámicas (eucalipto) y claros recuerdos a los tostados de la crianza en barrica. No pararía de olerlo! En boca también es sorprendente, tiene una entrada potente, con el volumen y cuerpo de la crianza y alcohol elevado pero… atención! Qué buena acidez! Una vez lo hemos bebido, nos queda una sensación fresca a la vez que concentrada por la cantidad de matices. Vuelven los recuerdos de tostados y frutos secos. Qué gran final. Nada que envidiar a sus “primos” franceses de Châteauneuf-du-Pape, pero quizás ellos sí que envidiarían algo: el precio 7,70€

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