09 sep 2015
Crianza tipos de vinos

Crianza, Reserva, Gran Reserva…? No gracias! Terroir!

Hoy 9 de septiembre de 2015 inauguramos temporada con un tema del que siempre he querido escribir ya que es una de las preguntas más repetidas en nuestras catas de Taca de vi: el tinto, es mejor el Crianza, el Reserva o el Gran Reserva? Qué diferencia hay realmente? Con esta pregunta, presentamos catas-domicilioel tema de hoy.

Técnicamente estos 3 términos (muchas veces presentes en las etiquetas de los vinos) simplemente indican el tiempo que el vino ha envejecido en barricas y luego en botella, antes de salir al mercado. Los primeros en usar esta terminología fueron los vinos de Rioja hace ya más de 50 años. Allí se elaboraban los vinos más finos, elegantes y con mayor capacidad de envejecimiento en botella. Dentro de un país donde básicamente se elaboraban vinos a granel, rústicos y fácilmente oxidables, Rioja se convirtió en sinónimo de vino de calidad. Así, poco a poco estos 3 términos fueron consolidándose en el imaginario colectivo… y hasta hoy en día, cuando aún muchos consumidores al comprar un vino siguen guiándose por los 3 famosos términos, con la idea que son de más o menos calidad si en la etiqueta pone “Crianza” o “Reserva”. Ser el primero tiene sus ventajas, está claro.

El objetivo principal del envejecimiento en barrica es el de fijar los taninos y el color del vino para hacerlos más estables, resistentes y así alargar la vida del vino en botella. Organolépticamente, los taninos se suavizan y, de rebote, la barrica puede aportar aromas y sabores de la madera. Es en estas dos últimos factores donde la mayoría de gente basa su idea de “calidad”.

Sin entrar en detalle hay 4 factores de la barrica muy importantes que influyen en la crianza del vino:

Porosidad: según el tipo de madera (básicamente roble francés o americano), será más o menos porosa, dejando que entre más o menos aire y aportando aromas y sabores distintos.
Tostado de la madera: el interior de la barrica puede estar más o menos tostado. A más tostada, más aromas de ahumado y torrefacto.
Tamaño de la barrica: las más utilizadas son las de 225 y 300 litros, aunque cada vez se utilizan más las de 400, 500 y 600 l. Como más grande, menor influencia de la barrica sobre el vino (menos sabores, aromas), y viceversa.
Edad de la barrica: las barricas nuevas suelen ser más agresivas con el vino, teniendo más influencia sobre éste, y viceversa.

La mayoría de elaboradores suelen hacer una mezcla de vinos procedentes de distintas barricas (con los condicionantes de arriba), para buscar el coupage deseado y el equilibrio perfecto según el gusto de cada bodeguero. Así, hay elaboradores que buscan más influencia de la barrica sobre el vino (con recuerdos a ahumados, torrefactos, vainilla, cacao, etc) y elaboradores que entienden el uso de la barrica como el modo para alargar la vida del vino, suavizarlo, pero con un aporte mínimo de sabores y aromas, buscando respetar al máximo las características que aporta cada variedad, la zona, la añada, la tierra… el terroir! Es decir, sin maquillaje.

Haciendo un paralelismo gastronómico, la crianza en barrica se podría comparar con la salsa en una carne. Si una carne es de una calidad inferior, más seca, más astillosa, poco sabrosa… tendremos que maquillarla da alguna forma, cubriéndola con una salsa por ejemplo. Por lo contrario, frente una buena carne, jugosa, tierna, sabrosa… no le hace falta ninguna salsa. Sólo con un toque de sal ya podemos disfrutarla sin ninguna nada que la maquille.

Evidentemente no se puede generalizar y salvo algunas excepciones, en la mayoría de casos desconfiemos cuando en una etiqueta especifica “Crianza”, “Reserva” o “Gran Reserva” ya que sólo nos estará indicando si ese vino lleva salsa o mucha salsa.

Así, al comprar un vino, preguntemos sobre el elaborador, la zona, la variedad o la añada, factores que realmente nos aportarán información sobre las características del vino y disfrutaremos más del vino sin maquillaje.

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